EL PAPEL DE LA MENTE EN LAS ENFERMEDADES
Los sabios del antiguo Egipto decían que el universo es mental. El universo, los múltiples universos son solo expresión y manifestación de la conciencia cósmica, de la inteligencia infinita que origina los universos finitos, pero incapaces de ser medidos. La materia, los átomos no son sino la condensación, la cristalización y objetivación del mundo de lo sutil, de la conciencia cósmica. Si el universo todo, si los múltiples universos pudiesen ser “molidos”, tritura dos, si los átomos pudieran ser descompuestos en sus elementos más primarios, si toda la energía que quedara de la descomposición del universo la redujésemos a sus elementos más simples, desaparecerían el tiempo y el espacio y solo quedaría la conciencia pura. La conciencia, la inteligencia que rige el universo, la materia y todas las cosas, claro está, que rigen al ser humano, pues el hombre que es la medida de todas las cosas es la culminación y la personificación de la conciencia pura que va viajando por el tiempo y el espacio, desde el vacío absoluto de la preforma, a los átomos, las moléculas, las estrellas, las galaxias y las plantas, ha originado la vida. Está ha culminado por una evolución de miles de millones de años en lo que hoy es la criatura humana. Al centauro mortal e inmortal que clavado en las raíces de la vida por medio del instinto y del sexo, es capaz de flechar el infinito, de cazar el águila de la inmortalidad, comer sus carnes, soñar con las estrellas y sentirse infinito.
El hombre es lo que piensa y lo que come, debemos alimentarnos de pensamientos positivos, de ideales grandes, de sentimientos de paz, amor y felicidad.
El estado ideal de nuestra mente y espíritu, es la felicidad, el goce, la experimentación directa de la energía cósmica que todo lo anima, lo forma y lo dirige. La salud es la vibración armónica y modulada de las células, de los órganos y de todo el ser humano, en la única energía que da origen a las demás; la felicidad (lo hindúes la han llamado Ananda). Si para estar sanos tenemos que tener un hígado desintoxicado, un hígado vibrante lleno de energía jupiteriana y marciana, es necesario también para ser realmente sanos en el sentido profundo de la palabra, que este mercurio alado que somos nosotros, este en comunicación con el mundo de lo sutil, el mundo de su más profunda interioridad, con el mundo de sus plutónicos abismos, donde está el núcleo magmático de su verdadera personalidad de su yo profundo, y real.
Ser sano es estar profundamente embargado de la más plena felicidad, del más completo éxtasis de la contemplación pura de la realidad.
